Tocando la felicidad
Hace tiempo que no me dedico a escribir, es que he tenido muchas cosas por resolver, y ahora vienen tiempos más tranquilos y lindos para todos, al menos ese es mi gran deseo en estas épocas, y viendo un poco a mi alrededor, encuentro cada día los fundamentos para pensar y sentir así.
Es que la vida es muy hermosa, cuando hay predisposición a que así sea, podemos ver que todo está mal, que las crisis y los gobernantes están en cualquier cosa, que este y aquel drama nunca se solucionan, pero ese panorama desalentador no es toda la realidad, también hay amor, inocencia, buena voluntad, amistad, solidaridad, esto también debe estar en el balance, es justo que así sea.
Hace tiempo en una visita a Quito (Ecuador), me lleve una gran y gratísima sorpresa, el mundo está salvado, pensaba… es que las personas que allí conocí estaban en paz, tenían un amor y un respeto por la vida, que hasta entonces solo había visto en personas muy especiales, gente de campo que conservan ese candor que en la ciudades nos cuesta encontrar. Y filosofando y hablando de la vida, escucho una frase que salía de la boca del Tío Jack, estaba citando a un aborigen pintor, y muy sabio por cierto: “yo lloraba por que no tenía zapatos, hasta que vi un niño que no tenía pies”… y reflexionamos sobre esa capacidad inexplicable que tenemos los humanos para valorar lo que no tenemos.
¿Qué es la felicidad? ¿Quién es más feliz? No sé si tengo la respuesta exacta, ni sé si existe, pero tampoco me importa demasiado. Es que he tocado a la felicidad y a veces me ha tocado ella, y siempre o casi siempre, fue cuando estuve abierto a que esto pase, como en este mismo momento.
Podría hacer una lista de cosas que me han salido mal, momentos vividos que no quisiera ni tener en mis recuerdos, hechos de la vida, que a veces nos hacen dudar de para que existimos, pero elijo hacer otra lista, les podría contar que hay soy feliz porque estoy convencido de que soy un privilegiado, que esta mañana me desperté y lleve mi hija al colegio, que después pude darle de comer a mi caballo, que mi abuela de 89 años me cocinó unos deliciosos esparragaos, y que ahora escucho a mi hija, mis sobrinas y mi hermanito jugar en el patio… ¿no es esto un privilegio total, no sería injusto que me ponga a contabilizar todo lo que no tengo? .
Obvio que hay que ocuparse seriamente de un montón de cosas, que a diario suceden hechos que nos disgustan, que la realidad no es ideal… pero esto no es una noticia, esto sucede desde siempre, la historia de la civilización es traumática, está llena de guerras, muerte y horror… pero también hay magia, creación, amor en todas sus expresiones… mi propuesta es estar un poco mas conectados con esas cosas que alimentan el espíritu, que nos hacen sonreír o llorar de emoción, que no pasen desapercibidos todos esos detalles de la vida, que hacen que esta pueda llamarse así, VIDA, conciencia de todo lo bueno que nos rodea, donde quiera que estemos y en cualquier momento. La existencia, por si misma no es un concepto completo, si no hay risa, alegría, emociones, se agota allí, en un constante transcurrir de minutos muertos que nos dejan la sensación de vacío que todos sentimos en algún momento.
Me vienen a la cabeza muchas de las cosas que mi abuela Choli repetía, cosas que mi abuela Chita me dice, consejos de mi padre y mi madre, que me han ayudado a los largo de mi vida, y si todo va bien, me servirán para lo que queda de ella, pero no las mencionaré, solo me quedaré con esta reflexión: debo encontrar las razones de la vida y la felicidad, dedicaré algo de mi tiempo a esta búsqueda, y me guiaré por mi corazón, ese que me dice que debo ser buena persona, que hay que ser solidario, atento y responsable, que tengo un deber individual, que es respetar y cuidar lo que es de todos, y que todos somos uno, que no hay mejores ni peores, que somos como especie un ente común, capaces de hacer todo el bien y todo el mal, que hasta ahora hemos visto y constatado a lo largo de la historia.
Solo hay esperanza si hay amor, tolerancia y compromiso real con el prójimo, entendiendo que cada uno de los que habitamos este planeta estamos constituidos de la misma esencia, y que las circunstancias nos ponen más cerca o más lejos del amor, que los niños y los animales, son nuestros ejemplos, que injustamente acostumbramos a ignorar, muchas veces descalificando su sabiduría natural para vivir y se felices.
Quisiera poder ser así, quisiera poder disfrutar de un juguete o un juego como ellos lo hacen, quisiera poder agradecer el alimento como hace un perro o un caballo, quisiera ser más sencillo y poder volar sin tanto peso, quisiera ser feliz sin dar tantas vueltas.
Gracias por leer hasta acá, es un honor para mí que hayan personas que nos ayuden y nos acompañen en esta aventura, y de todo corazón digo gracias, a todo y a todos por estar hoy unidos por un sueño.
Cristóbal Scarpati en representación de toda la Tribu Scarpati.






















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